La maratón, la prueba más dura del atletismo
convencional, obliga a correr a los participantes una distancia
ligeramente superior a los 42 kilómetros. Multipliquémomosla por diez.
Añadámosle frío, viento, lluvia, barro, nieve y un desnivel positivo (no
tiene nada de bueno, significa hacia arriba) de 12.000 metros durante
el recorrido. ¿Realmente existe esta locura? Pues sí. Se llama 'Spine
Race', son 430 kilómetros desde la salida hasta la llegada y los mismos
organizadores la presentan como “la carrera más brutal que se disputa en
Gran Bretaña”.
La última edición se disputó la semana pasada y la ganó un catalán de la Pobla de Segur. Se llama
Eugeni Roselló,
tiene 32 años y, varios días después de que terminara esta bestialidad
inclasificable, está en casa pasándolas un poco canutas. Le hacen curas
en las dos piernas. Aún ahora le quitan piedras y barro de dentro de la
piel infectada. Después de una carrera tan salvaje, se trata de daños
colaterales 'previsibles'. Deberá estar así diez días más. Parado en
casa. Y ya tiene ganas de salir a entrenar. Es un enfermo. 5 días y 4
horas corriendo
Eugeni no sólo ganó. Dejó a todos alucinados. Tardó 5
días, 4 horas y 52 minutos en completar el recorrido, un crono
impresionante, rebajando el récord de la prueba en más de 20 horas. Una
animalada. Iba tan rápido que le hicieron un control sorpresa a media
carrera. Los organizadores le pusieron un tipo a correr al lado: le
aguantó el ritmo 8 kilómetros, le felicitó y le dijo que siguiera
adelante. Y lo hizo, a toda castaña, sin mirar atrás, solo contra sí
mismo.
Durmiendo una hora al día. Es tan extrema la prueba que a ratos tenía
alucinaciones. “Cuando me faltaba poco hablé con un amigo mío de la
Pobla que se llama Notre, 'va ya llegamos', le decía. Pero en realidad
no estaba a mi lado, claro”, explica Eugeni. Fueron pequeñas fugas
mentales, no muy graves, porque los médicos aprovechan los cinco puntos
de control para examinar a los corredores y si le hubieran visto muy mal
no le hubieran dejado seguir.
Esta prueba supera todos los límites de la lógica del esfuerzo físico humano. Es por eso que le gusta a
Eugeni.
“Estoy un poco loco”, ríe, pero recupera un puesto más serio enseguida:
“Me gusta hacerlo, marcarme objetivos aparentemente imposibles, porque
cuando acabas la felicidad es inmensa, ni un Barça-Madrid te provoca
algo así”, añade como guiñando el ojo a Carles Puyol, nacido en su mismo
pueblo y del que es amigo.
En la Pobla, a
Eugeni todo el mundo lo conoce como
el 'Plus', porque en este pueblo de la comarca del Pallars Jussà quien
más quien menos tiene un alias. A él le pusieron ese porque desde
pequeño trabaja en el supermercado familiar, que se llama así. Ahora el
alias le encaja aún mejor. Debes tener un plus muy grande para atreverte
a participar en una carrera así y encima ganarla. El recibimiento que
le dispensaron una treintena de personas de la Pobla , todos de
diferentes pandillas, cuando volvió de su aventura en el aeropuerto de
Girona aún le emociona.
Eugeni se entrenó mucho para llegar preparado. El
último mes y medio salía a correr todos los días procurando provocar las
mismas condiciones que se encontraría. “Unas dos horas al día, de vez
en cuando dos sesiones y, los domingos, de 8 a 10. Buscaba nieve, barro,
y todo con 8 kilos en la espalda, que son los que debía llevar encima
en la Spine Race. En Año Nuevo no salí”, destaca como felicitándose de
tanto sacrificio. Suele correr por lugares bucólicos de su entorno, que
transforma en inmensos campos y montañas de entrenamiento. Vall Fosca,
Montcortés, Boumort, Pessonada, Colomina son nombres habituales de sus
rutas.
Es un hombre que ama su tierra. Ahora ha decidido conocer el mundo a
través del deporte. Le cuesta dinero, pero se lo pasa en grande. Es su
pasión, difícil de entender por los demás. ¿Por qué ir más allá del
límite?, nos preguntamos. “Lloré mucho al llegar”, reconoce. Eran
lágrimas de alegría
Su gesta, en primera persona
DORMIR
“Dormí una hora cada uno de los cinco
días. Al final del recorrido veía borroso, me costaba mirar el GPS.
Tuve alguna alucinación”.
COMIDA
“No me
paraba mucho tiempo en los puntos de avituallamiento. Me examinaban los
médicos de la organización, me hacía un par de bocadillos y 'torronets'
(barras energéticas) y ya está”.
IDIOMA
"Una vez apuntado, me di cuenta que el inglés era obligatorio. Tuve
que dar clases durante dos meses antes, los siete días de la semana. Lo
que mejor sé decir es 'I lost my way ' (me he perdido). No debí
utilizarlo mucho”.
ORIENTACIÓN
"Sólo me
perdí a 10 kilómetros del final y el GPS se me había quedado sin
batería. Llevaba hasta 400 mapas de la zona y había memorizado algo.
Esto me salvó, pero fue duro tirar atrás. Acabé haciendo 438 kms”.
RETIRADA
"No puedes pensar en retirarte nunca. Si lo piensas es peor. No
tienes que dudar nunca. Yo pasé momentos terribles, pero no dudé nunca
".
SOLEDAD
"Empecé a correr con Joel Jaile, otro catalán, pero él se tuvo que retirar. Hacer la carrera solo extrema la concentración".
RESISTENCIA
"Esto es supervivencia. No hay
asistencia. Con la carrera acabada fueron a rescatar a cinco personas
que se congelaban a 50 kilómetros".
GANAR
"Lloré mucho al llegar. Sentí una alegría inmensa, indescriptible ".
SUFRIMIENTO
"En
las fotos no me reconozco. Las dos últimas horas de carrera tenía un
dolor muy grande en las piernas. La nieve que se acumulaba entre la
lengua de los zapatos y la tibia se hizo hielo y me iba picando en cada
zancada. Cuando terminé lo tenía todo hinchado y lleno de sangre.
Todavía hoy me están haciendo curas. Me sacan barro y piedras de la piel
infectada. Me quedan de diez a ocho días más de tratamiento ".
DINERO
"No
hay premios en metálico. Todo ello me ha costado 1.200 euros. No tengo
patrocinadores. Sólo la marca Bussetus me cede material. Y una tienda de
la comarca, cosas de Salomon"